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lunes, 15 de diciembre de 2008

Nadie tiene derecho al matrimonio.


Transcribo una entrada de la página web "familiaenconstruccion", en la que Joan Carreras hace una exposición sobre el "pretendido derecho al matrimonio".

En los tiempos que corren conviene decir bien alto que el matrimonio es como un hijo: nadie -entendiendo por nadie, ninguna persona individualmente considerada- tiene derecho a él. Es decir ningún hombre, ninguna mujer tiene derecho a casarse.

Esta afirmación tan rotunda puede llamar la atención. De hecho, la formulamos rotundamente para que produzca ese efecto en los lectores. Nadie tiene derecho a casarse por la sencilla razón de que el matrimonio -como los hijos- es cosa de dos. Ninguna persona tiene derecho a tener un hijo. Ninguna persona tiene derecho al matrimonio. Estrictamente hablando los titulares del derecho al matrimonio son única y exclusivamente la pareja conyugal en la que no concurran impedimentos en su ejercicio.

Algún autor distingue entre el derecho fundamental al matrimonio (que corresponde a toda persona por el hecho de serlo) y el ejercicio de ese derecho, el cual es siempre de la pareja conyugal (1). Probablemente esta distinción es más correcta que la formulada por mí, pero a efectos prácticos y periodísticos lo importante es señalar que el ejercicio del derecho al matrimonio es cosa de dos. Y que el mismo esquema debe aplicarse al hijo: sólo los cónyuges tienen el derecho inalienable de tener un hijo, es decir, de poner en acto los medios necesarios según naturaleza para engendrar su prole y para educarla según sus principios.

El matrimonio no es la institución en la que se encuentran dos derechos individuales a tener relaciones sexuales o afectivas y reproducirse. Así es como se presenta nuestro actual sistema de derecho familiar. Las personas tienen libertad para casarse. "Todos" tienen derecho a casarse. Se han ampliado las libertades en nuestro país! También los homosexuales y las lesbianas pueden casarse y reproducirse, bien por la técnicas de reproducción artificial, bien por la vía de la adopción.

Si se tiene en cuenta que en España existe la posibilidad de que personas singulares o individuales puedan recibir niños en adopción y convertirse en padres, parecería que tienen toda la razón aquellos homosexuales que opinan que han sido discriminados durante siglos impidiéndoseles la realización personal de sus vidas. Si toda persona tiene derecho a reproducirse, ¿por qué se les niega ese derecho a los homosexuales?

Pues bien, el razonamiento falla en la primera premisa. Nadie tiene derecho a reproducirse. Eso puede decirse de los animales. Si alguien se considera animal entonces que se reproduzca como quiera, ahora bien, que no hable de derechos, porque estos pertenecen al mundo de las personas. No me importa que el Estado reconozca esos derechos. Estamos hablando en serio. La persona humana merece una consideración y tiene derecho (si es lícito hablar así para alguien que todavía no ha venido al mundo) a nacer en una familia naturalmente constituida, teniendo un padre y una madre. Este derecho del hijo es incompatible con los pretendidos derechos individuales a la reproducción.

En definitiva, muchos de los derechos que pertenecen al ámbito del matrimonio y de la familia no son derechos de libertad, es decir, no corresponden a la persona por el mero hecho de serlo, sino que tienen su fundamento en la conyugalidad. Con otras palabras, sólo el hombre y la mujer que se entregan el uno al otro en alianza irrevocable tienen derecho a que todas las demás instancias cívicas y religiosas reconozcan la legitimidad de esa entrega y de esa unión. En eso consiste el casarse. Nadie casa a nadie; sólo el hombre y la mujer pueden casarse si realmente quieren hacerlo, es decir, si están dispuestos a entregarse recíprocamente y a convertir sus existencias en una comunidad de vida y de amor conyugal.

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(1) Héctor Franceschi, Riconoscimento e tutela dello "ius connubii" nel sisstema matrimoniale canonico, Editrice Giuffrè, Milano 2004, pp. 392-93.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Instrucción vaticana "Dignitas personae"


Aporto aqui el enlace con el documento publicado hoy por la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunas cuestiones de bioética y transcribo la introducción del mismo.
http://www.zenit.org/article-29498?l=spanish

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 12 diciembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la instrucción "Dignitas personae sobre algunas cuestiones de bioética" que ha publicado este 12 de diciembre la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe.

INTRODUCCIÓN

1. A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Este principio fundamental, que expresa un gran "sí" a la vida humana, debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica, que reviste una importancia siempre mayor en el mundo de hoy. El Magisterio de la Iglesia ya ha intervenido varias veces, para aclarar y solucionar problemas morales relativos a este campo. De particular relevancia en esta materia ha sido la Instrucción Donum vitæ.[1] La celebración de los veinte años de su publicación ofrece una buena oportunidad para poner al día tal documento.

La enseñanza de dicha Instrucción conserva intacto su valor tanto por los principios que allí se recuerdan como por los juicios morales expresados. Sin embargo, las nuevas tecnologías biomédicas, introducidas en este ámbito delicado de la vida del ser humano y de la familia, provocan ulteriores interrogantes, en particular, dentro del sector de la investigación sobre los embriones humanos, del uso para fines terapéuticos de las células troncales (o células madre), y en otros campos de la medicina experimental. Esto ha planteado nuevas preguntas que requieren una respuesta. La rapidez de los progresos científicos y la difusión que se les da en los medios de comunicación social provocan esperanza y perplejidad en sectores cada vez más vastos de la opinión pública. Para reglamentar jurídicamente los problemas que van surgiendo a menudo se apela a los cuerpos legislativos e incluso a la consulta popular.

Estas razones han llevado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a publicar una nueva Instrucción de naturaleza doctrinal, que afronta algunos problemas recientes a la luz de los criterios enunciados en la Instrucción Donum vitæ y reexamina otros temas ya tratados que necesitan más aclaraciones.

2. En la realización de esta tarea se han tenido siempre presentes los aspectos científicos correspondientes, aprovechando los estudios llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportaciones de un gran número de expertos, para con­frontarlos con los principios de la antropología cristiana. Las Encíclicas Veritatis splendor [2] y Evangelium vitæ [3] de Juan Pablo II, y otras intervenciones del Magisterio, ofre­cen indicaciones claras acerca del método y del contenido para el examen de los problemas considerados.

En el variado panorama filosófico y científico actual es posible constatar de hecho una amplia y calificada presencia de científicos y filósofos que, en el espíritu del juramento de Hipócrates, ven en la ciencia médica un servicio a la fragilidad del hombre, para curar las enfermedades, aliviar el sufrimiento y extender los cuidados necesarios de modo equitativo a toda la humanidad. Pero no faltan representantes de los campos de la filosofía y de la ciencia que consideran el creciente desarrollo de las tecnologías biomédicas desde un punto de vista sustancialmente eugenésico.

3. Al proponer principios y juicios morales para la investigación biomédica sobre la vida humana, la Iglesia Católica se vale de la razón y de la fe, contribuyendo así a elaborar una visión integral del hombre y de su vocación, capaz de acoger todo lo bueno que surge de las obras humanas y de las tradiciones culturales y religiosas, que frecuen­temente muestran una gran reverencia por la vida.

El Magisterio quiere ofrecer una palabra de estímulo y confianza a la perspectiva cultural que ve la ciencia como un precioso servicio al bien integral de la vida y dignidad de cada ser humano. La Iglesia, por tanto, mira con esperanza la investigación científica, deseando que sean muchos los cristianos que contribuyan al progreso de la biomedicina y testimonien su fe en ese ámbito. Además desea que los resultados de esta investigación se pongan también a disposición de quienes trabajan en las áreas más pobres y azotadas por las enfermedades, para afrontar las necesidades más urgentes y dramáticas desde el punto de vista humanitario. En fin, quiere estar presente junto a cada persona que sufre en el cuerpo y en el espíritu, para ofrecerle no solamente consuelo, sino también luz y esperanza. Luz y esperanza que dan sentido también a los momentos de enfermedad y a la experiencia de la muerte, que pertenecen de hecho a la vida humana y caracterizan su historia, abriéndola al misterio de la Resurrección. La mirada de la Iglesia, en efecto, está llena de confianza, porque «la vida vencerá: ésta es para nosotros una esperanza segura. Sí, la vida vencerá, puesto que la verdad, el bien, la alegría y el verdadero progreso están de parte de la vida. Y de parte de la vida está también Dios, que ama la vida y la da con generosidad» [4].

La presente Instrucción se dirige a los fieles cristianos y a todos los que buscan la verdad [5]. Comprende tres partes: la primera recuerda algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental; la segunda afronta nuevos problemas relativos a la procreación; la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Concluye en Roma el Fórum Católico-Musulmán: proclaman los derechos de la persona.


Cristianos y musulmanes se unen para proclamar los derechos de la persona


CIUDAD DEL VATICAN, jueves, 6 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Al concluir este jueves en Roma el primer Fórum Católico-Musulmán, se ha hecho público un comunicado en el que los representantes de ambas religiones muestran su común apoyo a la dignidad y los derechos de la persona.

El comunicado recoge en 15 apartados varias afirmaciones comunes en cuanto al respeto debido a la persona, tanto hombre como mujer, independientemente de sus creencias. También afirma el respeto a los derechos de las minorías y de la libertad de conciencia.

En su redacción han participado veinticuatro ponentes y cinco consejeros de cada religión. El tema del Seminario ha sido "El amor a Dios, amor al prójimo".



El foro, que por primera vez reúne a representantes islámicos de las diferentes corrientes --chiíes, suníes y otros-- de todo el mundo, constituye una iniciativa del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y de representantes de los 138 líderes musulmanes que escribieron una carta abierta al Papa y los líderes religiosos cristianos con el título "Una palabra común" (http://www.acommonword.com).


En el primer punto, el comunicado muestra como la concepción de un Dios fuente de amor es compartida por ambas religiones. Para los cristianos, ese amor se muestra en Cristo, y es inseparable del amor al prójimo. Para los musulmanes, el amor es un "poder eterno transcendente que dirige y transforma el respeto humano mutuo", y emana de Dios.

Como consecuencia, ambos proclaman que la vida humana "es el regalo más precioso de Dios a cada persona" que debe ser "conservado y honrado en todas sus etapas". Insisten en que es necesario reconocer la igual dignidad a hombres y mujeres.

Además defienden "el derecho de individuos y comunidades para practicar su religión en privado y en público", así como el respeto a las minorías religiosas".

"Ninguna religión ni sus seguidores deberían ser excluidos de la sociedad. Cada uno debería ser capaz de dar su contribución indispensable al bien de sociedad, sobre todo en el servicio al más necesitado", añade el comunicado.

Concluyen que tanto católicos como musulmanes están llamados "a ser instrumentos de amor y armonía entre creyentes, y para la humanidad en general, renunciando a cualquier tipo de opresión, violencia agresiva y terrorismo, sobre todo cuando se cometen en nombre de la religión, y manteniendo el principio de justicia para todos".

Además, consideran la diversidad de culturas y religiones como "querida por Dios" y como "ocasión de mutuo enriquecimiento" y se comprometen a que estas diferencias "no sean causa de conflictos".

Ambas partes se declaran "satisfechas" del trabajo realizado". Está previsto que el foro vuelva a reunirse dentro de dos años en un país de mayoría musulmana, aunque sin especificar en cuál.




Puede leerse la Declaración Final del Foro Católico-Musulmán en la sección de Documentos de la página web de ZENIT (www.zenit.org).