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miércoles, 4 de marzo de 2009

Informe sobre la eutanasia:Seducidos por la muerte, de Herbert Hendin


Un informe demoledor sobre la eutanasia y su aplicación en el futuro
La editorial Planeta acaba de publicar un clásico que demasiado se ha hecho esperar en nuestra lengua. Es una poderosa contribución al debate sobre la eutanasia -como lo calificó en su momento el New York Times- bien documentada, desapasionada y científica, escrita por el director médico de la American Suicide Prevention, quien se desplazó a Holanda para estudiar la viabilidad de esta práctica, y acabó escribiendo un informe que -llamado el autor a declarar ante el Congreso- detuvo a la Administración Clinton cuando se disponía a destinar fondos federales para su implantación.
Y es que este informe, precisamente por lo que tiene de objetivo y cuantificado, resulta devastador: más de la cuarta parte de los médicos de Holanda declaran haber practicado eutanasias involuntarias, el cincuenta por ciento admite haber practicado eutanasias sin la documentación exigida como cautela, y el veinte por cien no piensa presentar nunca esa documentación. El libro ilustra cómo esa solución fácil que, en detrimento del desarrollo de los cuidados paliativos, es usada en Holanda como “el modo casi rutinario de tratar a los enfermos graves o terminales, o incluso a los que sólo se sienten tristes”, acaba protegiendo a los médicos más bien que a los enfermos.

Esto lo hace a través de datos y multitud de casos narrados con amenidad y con humanidad. Estas desasosegantes narraciones vienen alternadas con las datos estadísticos, y conversaciones del autor con los principales promotores de la eutanasia en Holanda, algunas de ellas preocupantes. Por citar un ejemplo, Meter Admiraal, uno de los pioneros y más fuertes defensores de esta práctica en Holanda, ve probable que en unos veinticinco años Europa pueda recurrir a la eutanasia para tratar los problemas de superpoblación y envejecimiento de su sociedad, aunque se alegra de no estar entonces para verlo.

El libro acaba recordando que el principal opositor a la eutanasia no es la Iglesia, como hacen creer sus defensores –el propio autor no es creyente-, sino la profesión médica, y especialmente aquellos que mejor conocen el problema: los geriatras y los que están con enfermos terminales en cuidados paliativos. De hecho, la American Medical Association es su principal oponente en los USA. Y es que “el suicidio asistido y la eutanasia son a la larga, mala medicina: mala para los doctores, mala para los pacientes, y mala para la sociedad”

Herbert Hendin
Seducidos por la muerte
Planeta
480 páginas

miércoles, 11 de febrero de 2009

Dejar de alimentar e hidratar es eutanasia


Firmado por Aceprensa
Fecha: 10 Febrero 2009

La muerte de Eluana Englaro, en coma vegetativo desde hacía 17 años, ha reabierto el debate sobre la eutanasia en Italia. A Englaro le suspendieron la alimentación e hidratación que le mantenía con vida. Juan Pablo II expuso la postura de la Iglesia Católica respecto a estos casos en el Congreso Internacional sobre “Los tratamientos de apoyo vital y el estado vegetativo. Avances científicos y dilemas éticos” (20-3-2004). Ofrecemos un extracto del discurso.

Frente a quienes ponen en duda la cualidad humana de las personas que permanecen en estado vegetativo permanente, Juan Pablo II siente “el deber de reafirmar enérgicamente que el valor intrínseco y la dignidad personal de todo ser humano no están sujetos a cambios, cualesquiera que sean las circunstancias concretas de su vida. Un hombre, aun gravemente enfermo o impedido en el ejercicio de sus funciones más elevadas, es y seguirá siendo un hombre; jamás se convertirá en ‘vegetal’ o ‘animal’”.

“Para con estas personas, médicos y agentes sanitarios, sociedad e Iglesia tienen deberes morales de los que no pueden eximirse (…) El enfermo en estado vegetativo, a la espera de recuperación o de su fin natural, tiene derecho, por lo tanto, a una asistencia sanitaria básica (nutrición, hidratación, higiene, calefacción, etc…) y a la prevención de las complicaciones relacionadas con su permanencia en la cama. También tienen derecho a una intervención rehabilitativa específica y al control y seguimiento de eventuales señales clínicas de recuperación”.

“En especial, quisiera subrayar cómo la administración de agua y alimento, incluso cuando se realizara mediante vías artificiales, constituye siempre un medio natural de conservación de la vida, y no un acto médico. Su uso deberá considerarse por lo tanto, en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente obligatorio (…)”.

“La valoración de las probabilidades, basadas en las escasas esperanzas de recuperación cuando el estado vegetativo se prolonga durante más de un año, no puede justificar éticamente el abandono o la interrupción de las atenciones mínimas al paciente, que incluyen alimentación e hidratación. En efecto, la muerte por hambre y sed es el único resultado posible que de su suspensión se deriva, por lo que dicha interrupción acaba configurándose, en caso de realizarse consciente y deliberadamente, como una auténtica eutanasia por omisión”.

Juan Pablo II advierte del peligro que encierran los juicios sobre la calidad de vida expresados por otros hombres. “Admitir que se pueda decidir acerca de la vida del hombre sobre la base de un reconocimiento desde el exterior de su calidad equivale a reconocer que a cualquier sujeto se le pueden atribuir desde el exterior niveles crecientes o decrecientes de calidad de vida y, por ende, de dignidad humana, introduciendo así un principio discriminatorio y eugenésico en las relaciones sociales”.

Pero no basta con rechazar esos juicios externos sobre la calidad de vida de los demás; además, “es necesario promover acciones positivas para contrarrestar las presiones a favor de la suspensión de la hidratación y de la alimentación como medio de poner fin a la vida de estos pacientes”.

Entre otras medidas, Juan Pablo alienta a apoyar a las familias “que han tenido a un ser querido afectado por tan terrible condición clínica. No se las puede dejar solas con su gravosa carga humana, psicológica y económica”.

viernes, 12 de diciembre de 2008

El último show de la muerte digna

Hoy no acompañaremos nuestra entrada con imágenes. La noticia no las merece.
Ha sido noticia estos días la muerte en directo de Craig Ewert, de 59, quien decidió voluntariamente poner término a su vida en la clínica suiza Dignitas y permitió que su caso fuese recogido en un documental del cineasta canadiendse John Zaritsky, titulado Right to die?: The suicide tourist (¿Derecho a morir?: el turista suicida).

Son muchos los que insisten en confundir las cosas en esta campaña de sensibilización social en favor de la implantación de la eutanasia en nuestro país. Son pocos los que se esfuerzan en clarificar la naturaleza ética y jurídica de las distintas acciones humanas que tienen que ver con la enfermedad y las terapias médicas.

Craig Ewert ha muerte en Suiza en vez de hacerlo en su casa o en el hospital de su barrio. ¿Por qué? ¿Es que acaso no le hubieran permitido retirar el respirador del que dependía su vida? ¿Es que realmente estaba siendo objeto de un encarnizamiento terapéutico?

No. Craig Ewert hubiera podido perfectamente morir como la ha hecho en cualquier hospital, sin tener que gastar los 3000 euros que le costó el servicio de la clínica suiza. Nadie le condenaba a seguir viviendo como hasta ese momento. Si hubo un día que comenzó a depender de un respirador, ésa fue una elección suya. Si hubiera querido manifestar ahora su rechazo del uso del respirador, tampoco hubiera habido ningún problema. Es una práctica pacíficamente reconocida por los profesionales de la medicina y de la bioética.

Pero Craig Ewert y su mujer no querían limitarse a ejercer su derecho a no sufrir encarnizamiento terapéutico. Lo que ellos querían era convertir su caso en un show de escala mundial y en una apología del derecho a morir.

Craig Ewert hubiera merecido todo el respeto si se hubiera limitado a morir como lo hizo. Al desconectar el respirador, la muerte fue causada directamente por la enfermedad que padecía. ¡No se equivocó en eso, no!

En lo que se equivocó Craig Ewert -y mucho- fue en hacer el paripé, dejándose manipular (consciente o inconscientemente) por los ideólogos de la cultura de la muerte. El título del documental está claro: Craig Ewert realizó su último viaje como turista suicida y que su muerte fuese presentada a la opinión pública mundial como el enésimo caso de eutanasia. A río revuelto ganancia de pescadores.

Pues Craig Ewert -con todos mis respetos- no merece que cuelgue hoy ninguna imagen suya en esta entrada. No queremos contribuir en esta parodia realizada por los traficantes del sufrimiento humano.

martes, 18 de noviembre de 2008

Los movimientos provida italianos piden no dejar morir a Eluana


ROMA, lunes 17 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Movimientos y asociaciones por la vida de toda Italia han puesto en marcha varias iniciativas para salvar "in extremis" la vida de Eluana Englaro, la joven italiana en coma desde 1992, y a la que se suspenderá próximamente la alimentación e hidratación, a petición de su padre.

El caso ha adquirido un eco mundial, recordando el acaecido en Estados Unidos con Terry Schiavo.

Desde hace meses, se han multiplicado en todo el país las movilizaciones, manifestaciones y peticiones para que se mantuviera con vida a la joven. Finalmente, tras un largo recorrido judicial, el pasado jueves 13 de noviembre, la Corte Suprema Italiana ha autorizado que se suspenda su hidratación y alimentación.

La sentencia ha sido acogida con gran consternación por las asociaciones provida italianas, que la califican de "auténtica condena a muerte".

Durante este fin de semana, más de 500 delegados de centros de Ayuda a la Vida (CAV) de toda Italia se han reunido en la localidad toscana de Montecatini han pedido al Parlamento que se apruebe cuanto antes una ley que proteja a los enfermos terminales para que casos como este "no vuelvan a repetirse".

El congreso ha pedido también al Gobierno que emita un decreto por la vía de urgencia que impida la interrupción de la alimentación e hidratación de los enfermos terminales.

Además, el Movimiento por la Vida ha escrito al presidente de la República pidiéndole que "haga valer su autoridad moral para que Eluana pueda seguir siendo alimentada por las Monjas de Lecco, que la han cuidado hasta ahora.

El presidente de esta asociación, Carlo Casini, subraya que esta decisión "pone en peligro a miles de personas gravemente impedidas que dependen de la capacidad de acogida por parte de toda la sociedad. En definitiva, nos pone en peligro a todos cuando nos volvemos marginales e inútiles".

Hablando a sus militantes, Casini afirmó que "la batalla por la vida y la familia se esta haciendo cada vez más dura", por lo que "no bastan obras razonables, es necesario rezar más".

Por su parte, la asociación Scienza & Vita ha difundido un comunicado en el que afirma que "se trata de una verdadera y auténtica condena a muerte en la era republicana" y pide de forma provocativa "que, como sucede en los países que admiten la pena de muerte, se permita asistir a la ejecución pública y de grabarlo todo en vídeo".

"De esta forma, nuestros hijos y nietos podrán descubrir cómo un ciudadano italiano puede ser condenado por un juez de un Estado civil y democrático a morir de hambre y de sed".

Por su parte, el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, mostró su esperanza de que "en el último momento se replantee su caso y que la ideología no oscurezca del todo las conciencias", este domingo en Montecatini.

"Eluana está en estado vegetativo, pero no es un vegetal, es una persona durmiente -continuó-. La persona, también cuando está dormida o discapacitada, conserva toda su dignidad. La persona vale por sí misma y no por lo que produce o consume, o por el placer o la satisfacción que procura a los demás".

El cardenal Antonelli mostró su cercanía a las monjas de la Misericordia de Lecco, que la han cuidado en su clínica durante 14 años, "y que son las únicas en el entorno de la joven que aún luchan por su vida".

"Se han dicho muchas palabras en el caso Eluana - añadió el cardenal Antonelli-. Las más bellas y persuasivas han sido la de estas monjas: 'Si hay quien la considera muerta, que nos deje que Eluana continúe con nosotras que la sentimos viva... dejadnos la libertad de amar y de donarnos a quien es débil'".

Es necesario, advirtió el purpurado, "un compromiso inteligente, generoso y perseverante a favor de la vida: compromiso cultural, jurídico y político pero también un compromiso concreto de testimonio personal y de servicio a la vida".

Por Inma Álvarez, con información de Antonio Gaspari

jueves, 13 de noviembre de 2008

El caso de Eluana Englaro paso a paso


En los próximos días el movimiento en favor de la eutanasia utilizará a buen seguro el caso de Eluana Englaro, puesto que el Tribunal de Casación de Italia ha desestimado por falta de legitimación el recurso presentado por el Fiscal para suspender la decisión de la Corte de Apelación de Milán, que había autorizado a Beppino Englaro a que se retirara la sonda nasogástrica que servía para alimentar e hidratar a su hija, en estado vegetativo desde hace dieciséis años.


En resumen los jueces han estimado que se puede retirar la sonda de alimentación e hidratación siempre que concurran dos circunstancias probadas: el estado vegetativo irreversible y la certeza de que el paciente hubiese manifestado su voluntad en ese sentido, en el caso de encontrarse en esas circunstancias. El problema jurídico es el siguiente: ¿puede equipararse la alimientación y la hidratación -que forman parte de los cuidados y atenciones naturales que toda persona debe prestar a sus semejantes- con una forma de tratamiento terapéutico? ¿Cabe denominar encarnizamiento terapéutico a esa acción de alimentar? ¿Es humano dejar morir a alguien de inanición a pesar de que lo haya solicitado? ¿No se estarán abriendo las puertas a la eutanasia de miles de personas que se encuentran en estado vegetativo?


18 gen 1992 – A consecuencia de un accidente de automóvil, Eluana Englaro entra en un estado vegetativo permanente. Tenía 20 años. Respiraba autónomamente, a pesar de tener la corteza cerebral necrosada. Necesitaba ser alimentada e hidratada mediante una sonda.


1993 – La situación se agrava y los médicos no tienen esperanza en la curación.

1994 – Eluana fue ingresada en un centro médico gestionado por las monjas de la Misericordia, que la tratan con extrema atención: siguen alimentándola con la sonda nasogástrica y la llevan de paseo todos los días en silla de ruedas, a pesar de estar inconsciente.

1999 - Beppino Englaro –padre de Eluana- pide la tribunal de Lecco que se retire la alimentación artificial de su hija. Los jueces se lo niegan.
2003 – Se vuelve a presentar la demanda ante los tribunales, pero tanto el tribunal como la Corte d’Appello la rechazan.
2005 – El 20 de abril el tribunal de Casación avala la decisión de los jueces de Milán pero abre una posibilidad de que progrese la petición paterna, al señalar que ésta debía ser rechazada por faltar “ pruebas específicas” acerca de la real voluntad de la muchacha.

16 de octubre de 2007 – La Casación reenvía de nuevo la decisión a la Corte de Apelación de Milán autorizando al Juez que se interrumpa la alimentación de Eluana siempre que concurran dos circunstancias: el estado irreversible del paciente y que se haya demostrado que éste, de estar consciente, no habría prestado su consentimiento a la continuación del tratamiento.
9 de julio de 2008 – La Corte de apelación de Milán reabre la causa y autoriza la suspensión de la alimentación.
10 de julio – El periódico Avvenire habla de “pena de muerte”, de “monstruosidad”

14 de julio - Giuliano Ferrara, director de il Foglio, promueve, junto al Movimento per la Vita, la iniciativa de de despositar en el atrio del Duomo de Milán botellas de agua para protestar contra la sentencia que condena a Eluana a morir de hambre y de sed. Se colocan botellas de agua tanbién delante del Capitolio, en Roma.

16 de julio - Cámera y Senado plantean un conflicto de atribución contra la Casación, y el caso acaba en la Corte Constitucional. Se recrudecen las polémicas. El comité “Ciencia y Vida” lanza una apelación contra la suspensión de las curas, a la cual se adhieren parlamentarios y ciudadanos, Famiglia Cristiana, 25 neurólogos, el periódico Avvenire e incluso las monjas que se ocupaban de la atención de Eluana.

3 de septiembre. La familia pide a la Región Lombarda que se indique un establecimiento en el que se pueda llevar a cabo cuanto prescrito por la Corte de Apelación. Pero la Región se niega a ell.

8 de octubre - La Corte Constitucional dio la razón a la Casación y a la Corte de Apelación, que habían establecido las condiciones para que se pudiera llevar a cabo la interrupción de la alimentación.
11 de octubre – Las condiciones de Eluana se agravan a cusa de una hemorragia interna.

10 de noviembre – La subsecretaria de Sanidad Eugenia Roccella, que fue leader del comité Scienza e Vita, lanza un llamamiento a la Casación: “Piénselo bien, porque sería la primera vez que en Italia muere alguien de hambre y de sed, después de una agonía de quince días y por efecto de una sentencia”.

11 nov – El Cardenal Javier López Barragan declara que suspender la hidratación y la alimentación de un paciente en estado vegetativo es una monstruosidad inhumana y un asesinato”. Según los abogados de la familia Englaro ha llegado la hora de que se deje morir a Eluana como pide su padre desde hace 16 años.

13 de noviembre – El Tribunal de Casación ha estimado inadmisible el recurso del Fiscal por defecto de legitimación ya que, a su entender, no se trataba aquí de tutelar un interés público sino más bien de afrontar una situación subjetiva individual.

El caso de Hannah Jones


Artículo editado por Joan Carreras en la página web: http://familiaenconstruccion.com/articulos_ver.php?titulo_art=La%20decisión%20de%20Hannah, el 12 de noviembre de 2008.

Ha sido noticia hoy en el mundo la decisión de una adolescente de trece años: se ha negado a que le trasplanten un corazón para sustituir el suyo, gravemente afectado desde hace años por la leucemia y por la medicación. Hay quien ha aprovechado la ocasión para defender el derecho a la muerte digna (véase la imagen). Sin embargo, más que del derecho a morir habría que hablar del derecho a no ser sometido a tratamientos médicos que supongan un encarnizamiento terapéutico. Son cosas distintas.

Hay también quien ha aprovechado la ocasión para defender los derechos del menor frente a la autoridad paterna. Pero tampoco ha sido éste el caso. Más bien eran las autoridades médicas las que pretendían imponer un trasplante de corazón a la adolescente. Sus padres la apoyaban a ella y temían que les fueran a quitar la custodia de su hija.

Así que no queda más que respetar el derecho de Hannah y de sus padres a que "les dejen en paz" y no les impongan unas terapias tan excepcionales como el trasplante de corazón. Transcribimos la noticia desde intramed.net

Hannah Jones tiene sólo 13 años pero la madurez de un adulto y es capaz de decidir entre la vida y la muerte. Así se lo han reconocido, tras más de un año de controversias, los médicos que querían obligarla a someterse a un trasplante de corazón para prolongar su vida. Ella no quiere, y al final se ha impuesto su voluntad sobre la de los especialistas.

Hannah padece una extraña forma de leucemia desde los cinco años. Para parar el cáncer, fue sometida a una brutal cura de quimioterapia que acabó provocándole un agujero en el corazón. El año pasado le implantaron un marcapasos, pero su corazón ya no aguanta. La única solución es someterla a un trasplante. Y ella no quiere. La intervención no le garantiza la vida. Dentro de 10 años tendría que volver a ser trasplantada y, entretanto, los medicamentos que tendrían que suministrarle para evitar un rechazo del nuevo órgano amenazan con reavivar la leucemia. Hannah prefiere arriesgarse a seguir como está ahora y resignarse a morir en casa, en Marden, al oeste de Inglaterra, rodeada de su familia, cuando llegue el momento. Sus padres la apoyan y aseguran que apenas han influido en su decisión.

"Obviamente queremos que Hannah esté con nosotros todo el tiempo que sea posible, pero no vamos a forzarla a hacer algo que ella no quiere", ha declarado su padre, Andrew Jones, de 43 años, auditor de profesión. "Ha estado toda su vida entrando y saliendo del hospital y ha decidido que ya es suficiente. No es una decisión impulsiva y no es de ninguna manera definitiva. Si cambia de opinión, también la apoyaremos".

La niña ha demostrado una madurez y un temple extraordinarios y lleva meses resistiéndose a la presión de los médicos. Desde hace más de un año ha estado hablando de la posibilidad de un trasplante con los especialistas del hospital infantil de Birmingham, donde le implantaron el marcapasos, y del Great Ormond Street Hospital de Londres, donde tenía que llevarse a cabo el trasplante. Pero un médico de su hospital local, en Hereford, se empeñó en forzar el trasplante y quiso suministrarle un medicamento para trasladarla a Londres, que ella no quiso tomar. El facultativo decidió llevar el caso a las autoridades por entender que era del interés de Hannah someterla al trasplante aunque fuera contra su parecer.

"Creíamos que nos la iban a quitar de nuestras manos contra nuestra voluntad. Toda la familia era un mar de lágrimas", ha relatado el padre. Por ello, escribieron a los responsables provinciales del hospital oponiéndose a la intervención, pero sin éxito. Su director ejecutivo, Chris Bull, describió a Hannah como "una joven mujer gallarda y valiente", pero defendió la decisión tomada por los médicos.

Los tratamientos forzosos no son algo excepcional. Se realizan, por ejemplo, cuando los padres de un niño se oponen a ello por razones religiosas. Pero en este caso es el propio paciente el que se opone, y no por causas religiosas sino apelando a su propia dignidad.

El caso fue elevado a los tribunales, pero no ha llegado a fallarse. Una asistente social se entrevistó a solas con Hannah Jones y llegó a la conclusión de que la niña está perfectamente informada de las consecuencias de su decisión y que tiene la madurez suficiente para decidir por sí misma. El hospital ha renunciado finalmente a forzar el trasplante y ha escrito a los padres insistiendo en que siempre ha actuado defendiendo el interés de la chica. Pero no se han disculpado. "Es indignante que la gente del hospital insinúe que nosotros no hemos actuado en defensa de lo mejor para nuestra hija", se ha quejado la madre, Kirsty, que conoce muy bien las penalidades de Hannah, como madre y como enfermera de cuidados intensivos que es.

La decisión de la joven y el hecho de que los médicos hayan optado por acabar aceptándola es perfectamente coherente con lo previsto por la legislación británica para estos casos. En 1980, la Cámara de los Lores dictaminó que un niño que comprende las consecuencias de sus decisiones ha de ser considerado legalmente competente para hacerlo. En España, la situación de Hannah estaría cubierta, desde diciembre de 2002, por la Ley de Autonomía del Paciente. Ésta establece que a partir de los 16 años, el menor tiene derecho a decidir. Si es más joven, pero entiende lo que hace, también.

"Creo que en este caso algunos doctores han entendido que tenían que intervenir y tomar la decisión que consideraban más adecuada en defensa de lo mejor para el paciente. Pero por supuesto lo mejor para el enfermo no se ha de decidir únicamente en función de la óptica médica, sino teniendo en cuenta el interés global de una persona en general", opina el doctor Tony Calland, presidente del comité ético de la Asociación Médica Británica.

Los sufrimientos de Hannah Jones no se reducen a sus penalidades médicas y su conflicto con los doctores. La semana pasada tuvo que renunciar a una de las ilusiones de su vida: visitar Disneylandia antes de morir. La organización caritativa Caudwell Children se había ofrecido a pagarle el viaje a Florida (Estados Unidos), pero a última hora tuvo que ser cancelado porque ninguna compañía aseguradora ha querido extenderle un seguro médico dado su precario estado de salud.

lunes, 29 de septiembre de 2008

SOBRE LA MUERTE DIGNA

Ricard Avilés Carceller
Abogado
Miembro de la Junta Directiva de Juristas Cristianos.

Ha empezado la cuenta atrás para introducir la eutanasia activa en nuestro país. Ya lo indicó el PSOE como una de sus prioridades de la presente legislatura, junto con el aborto. Dicho partido, quizás considere que la mortalidad es demasiado baja en nuestro país.

Los argumentos que se arguyen son básicamente dos: No al dolor, y una muerte digna. Respecto a evitar el dolor, todos los médicos desean que sus pacientes no sufran, y aplican curas paliativas como sedaciones y otras medidas. Considerar lo contrario es desconocer la realidad, que va por otro camino: el del abuso de las sedaciones, como después indicaré.

Con referencia a la muerte digna, hay que distinguir qué entendemos por dicho concepto. Para muchos supone que los enfermos ancianos, o pacientes con poca calidad de vida, tengan una muerte rápida, pulcra y sin fastidios. Y añadiría que, en muchos casos, para sus allegados: olvidable.

La dignidad en la muerte hay que buscarla ante un aspecto más humano: el morir amado por sus familiares, con calor humano de los profesionales que lo atienden, con la cercanía de sus seres queridos y, en caso necesario, con los cuidados paliativos que le permitan aliviar el dolor y vivir con serenidad el final de esta vida, como la Conferencia Episcopal Española nos ha recordado.

La dignidad del hombre consiste, en cierto modo, en ser amado por si mismo. Es decir no estimado en cuanto útil, sino por ser quien es: un ser humano, y además, si se quiere, por ser un padre, un familiar o un amigo. Y en lo más profundo, la dignidad del hombre nace de ser hijo de Dios, de ser amando por Dios. Cuando este punto de vista se pierde, pasamos a ser seres de valor relativo y circunstancial.

La eutanasia tiene inconvenientes graves. Señalaré solamente dos. El primero es una auto presión psicológica en el enfermo, que se ve a si mismo como un estorbo, un inútil, y por tanto una carga para su familia, los médicos, y que ocupa una cama que merece más una persona joven. Por tanto, lo mejor es morirse. Olvidándose que ese enfermo tiene derecho a vivir, que en la mayoría de los casos esa persona ha hecho mucho por su familia, por la sociedad, ha pagado sus impuestos, y ahora es justo que la esa sociedad lo cuide cuando está enferma. Máxime cuando muchas partidas del gasto público son fútiles o mal administradas.

La segunda, es que existe un sector de la clase médica que se considera juez del destino de las personas y guardián del bien público, que practica, en enfermos ancianos, una sedación suficiente para producir la muerte, con la excusa de evitar dolores y liberar camas. Hay que recordar lo sucedido en el servicio de urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, que si bien preguntamos a conocidos que trabajan en urgencias, nos daremos cuenta que no fue un caso aislado.