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miércoles, 11 de febrero de 2009

Dejar de alimentar e hidratar es eutanasia


Firmado por Aceprensa
Fecha: 10 Febrero 2009

La muerte de Eluana Englaro, en coma vegetativo desde hacía 17 años, ha reabierto el debate sobre la eutanasia en Italia. A Englaro le suspendieron la alimentación e hidratación que le mantenía con vida. Juan Pablo II expuso la postura de la Iglesia Católica respecto a estos casos en el Congreso Internacional sobre “Los tratamientos de apoyo vital y el estado vegetativo. Avances científicos y dilemas éticos” (20-3-2004). Ofrecemos un extracto del discurso.

Frente a quienes ponen en duda la cualidad humana de las personas que permanecen en estado vegetativo permanente, Juan Pablo II siente “el deber de reafirmar enérgicamente que el valor intrínseco y la dignidad personal de todo ser humano no están sujetos a cambios, cualesquiera que sean las circunstancias concretas de su vida. Un hombre, aun gravemente enfermo o impedido en el ejercicio de sus funciones más elevadas, es y seguirá siendo un hombre; jamás se convertirá en ‘vegetal’ o ‘animal’”.

“Para con estas personas, médicos y agentes sanitarios, sociedad e Iglesia tienen deberes morales de los que no pueden eximirse (…) El enfermo en estado vegetativo, a la espera de recuperación o de su fin natural, tiene derecho, por lo tanto, a una asistencia sanitaria básica (nutrición, hidratación, higiene, calefacción, etc…) y a la prevención de las complicaciones relacionadas con su permanencia en la cama. También tienen derecho a una intervención rehabilitativa específica y al control y seguimiento de eventuales señales clínicas de recuperación”.

“En especial, quisiera subrayar cómo la administración de agua y alimento, incluso cuando se realizara mediante vías artificiales, constituye siempre un medio natural de conservación de la vida, y no un acto médico. Su uso deberá considerarse por lo tanto, en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente obligatorio (…)”.

“La valoración de las probabilidades, basadas en las escasas esperanzas de recuperación cuando el estado vegetativo se prolonga durante más de un año, no puede justificar éticamente el abandono o la interrupción de las atenciones mínimas al paciente, que incluyen alimentación e hidratación. En efecto, la muerte por hambre y sed es el único resultado posible que de su suspensión se deriva, por lo que dicha interrupción acaba configurándose, en caso de realizarse consciente y deliberadamente, como una auténtica eutanasia por omisión”.

Juan Pablo II advierte del peligro que encierran los juicios sobre la calidad de vida expresados por otros hombres. “Admitir que se pueda decidir acerca de la vida del hombre sobre la base de un reconocimiento desde el exterior de su calidad equivale a reconocer que a cualquier sujeto se le pueden atribuir desde el exterior niveles crecientes o decrecientes de calidad de vida y, por ende, de dignidad humana, introduciendo así un principio discriminatorio y eugenésico en las relaciones sociales”.

Pero no basta con rechazar esos juicios externos sobre la calidad de vida de los demás; además, “es necesario promover acciones positivas para contrarrestar las presiones a favor de la suspensión de la hidratación y de la alimentación como medio de poner fin a la vida de estos pacientes”.

Entre otras medidas, Juan Pablo alienta a apoyar a las familias “que han tenido a un ser querido afectado por tan terrible condición clínica. No se las puede dejar solas con su gravosa carga humana, psicológica y económica”.

martes, 18 de noviembre de 2008

Los movimientos provida italianos piden no dejar morir a Eluana


ROMA, lunes 17 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Movimientos y asociaciones por la vida de toda Italia han puesto en marcha varias iniciativas para salvar "in extremis" la vida de Eluana Englaro, la joven italiana en coma desde 1992, y a la que se suspenderá próximamente la alimentación e hidratación, a petición de su padre.

El caso ha adquirido un eco mundial, recordando el acaecido en Estados Unidos con Terry Schiavo.

Desde hace meses, se han multiplicado en todo el país las movilizaciones, manifestaciones y peticiones para que se mantuviera con vida a la joven. Finalmente, tras un largo recorrido judicial, el pasado jueves 13 de noviembre, la Corte Suprema Italiana ha autorizado que se suspenda su hidratación y alimentación.

La sentencia ha sido acogida con gran consternación por las asociaciones provida italianas, que la califican de "auténtica condena a muerte".

Durante este fin de semana, más de 500 delegados de centros de Ayuda a la Vida (CAV) de toda Italia se han reunido en la localidad toscana de Montecatini han pedido al Parlamento que se apruebe cuanto antes una ley que proteja a los enfermos terminales para que casos como este "no vuelvan a repetirse".

El congreso ha pedido también al Gobierno que emita un decreto por la vía de urgencia que impida la interrupción de la alimentación e hidratación de los enfermos terminales.

Además, el Movimiento por la Vida ha escrito al presidente de la República pidiéndole que "haga valer su autoridad moral para que Eluana pueda seguir siendo alimentada por las Monjas de Lecco, que la han cuidado hasta ahora.

El presidente de esta asociación, Carlo Casini, subraya que esta decisión "pone en peligro a miles de personas gravemente impedidas que dependen de la capacidad de acogida por parte de toda la sociedad. En definitiva, nos pone en peligro a todos cuando nos volvemos marginales e inútiles".

Hablando a sus militantes, Casini afirmó que "la batalla por la vida y la familia se esta haciendo cada vez más dura", por lo que "no bastan obras razonables, es necesario rezar más".

Por su parte, la asociación Scienza & Vita ha difundido un comunicado en el que afirma que "se trata de una verdadera y auténtica condena a muerte en la era republicana" y pide de forma provocativa "que, como sucede en los países que admiten la pena de muerte, se permita asistir a la ejecución pública y de grabarlo todo en vídeo".

"De esta forma, nuestros hijos y nietos podrán descubrir cómo un ciudadano italiano puede ser condenado por un juez de un Estado civil y democrático a morir de hambre y de sed".

Por su parte, el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, mostró su esperanza de que "en el último momento se replantee su caso y que la ideología no oscurezca del todo las conciencias", este domingo en Montecatini.

"Eluana está en estado vegetativo, pero no es un vegetal, es una persona durmiente -continuó-. La persona, también cuando está dormida o discapacitada, conserva toda su dignidad. La persona vale por sí misma y no por lo que produce o consume, o por el placer o la satisfacción que procura a los demás".

El cardenal Antonelli mostró su cercanía a las monjas de la Misericordia de Lecco, que la han cuidado en su clínica durante 14 años, "y que son las únicas en el entorno de la joven que aún luchan por su vida".

"Se han dicho muchas palabras en el caso Eluana - añadió el cardenal Antonelli-. Las más bellas y persuasivas han sido la de estas monjas: 'Si hay quien la considera muerta, que nos deje que Eluana continúe con nosotras que la sentimos viva... dejadnos la libertad de amar y de donarnos a quien es débil'".

Es necesario, advirtió el purpurado, "un compromiso inteligente, generoso y perseverante a favor de la vida: compromiso cultural, jurídico y político pero también un compromiso concreto de testimonio personal y de servicio a la vida".

Por Inma Álvarez, con información de Antonio Gaspari

lunes, 29 de septiembre de 2008

SOBRE LA MUERTE DIGNA

Ricard Avilés Carceller
Abogado
Miembro de la Junta Directiva de Juristas Cristianos.

Ha empezado la cuenta atrás para introducir la eutanasia activa en nuestro país. Ya lo indicó el PSOE como una de sus prioridades de la presente legislatura, junto con el aborto. Dicho partido, quizás considere que la mortalidad es demasiado baja en nuestro país.

Los argumentos que se arguyen son básicamente dos: No al dolor, y una muerte digna. Respecto a evitar el dolor, todos los médicos desean que sus pacientes no sufran, y aplican curas paliativas como sedaciones y otras medidas. Considerar lo contrario es desconocer la realidad, que va por otro camino: el del abuso de las sedaciones, como después indicaré.

Con referencia a la muerte digna, hay que distinguir qué entendemos por dicho concepto. Para muchos supone que los enfermos ancianos, o pacientes con poca calidad de vida, tengan una muerte rápida, pulcra y sin fastidios. Y añadiría que, en muchos casos, para sus allegados: olvidable.

La dignidad en la muerte hay que buscarla ante un aspecto más humano: el morir amado por sus familiares, con calor humano de los profesionales que lo atienden, con la cercanía de sus seres queridos y, en caso necesario, con los cuidados paliativos que le permitan aliviar el dolor y vivir con serenidad el final de esta vida, como la Conferencia Episcopal Española nos ha recordado.

La dignidad del hombre consiste, en cierto modo, en ser amado por si mismo. Es decir no estimado en cuanto útil, sino por ser quien es: un ser humano, y además, si se quiere, por ser un padre, un familiar o un amigo. Y en lo más profundo, la dignidad del hombre nace de ser hijo de Dios, de ser amando por Dios. Cuando este punto de vista se pierde, pasamos a ser seres de valor relativo y circunstancial.

La eutanasia tiene inconvenientes graves. Señalaré solamente dos. El primero es una auto presión psicológica en el enfermo, que se ve a si mismo como un estorbo, un inútil, y por tanto una carga para su familia, los médicos, y que ocupa una cama que merece más una persona joven. Por tanto, lo mejor es morirse. Olvidándose que ese enfermo tiene derecho a vivir, que en la mayoría de los casos esa persona ha hecho mucho por su familia, por la sociedad, ha pagado sus impuestos, y ahora es justo que la esa sociedad lo cuide cuando está enferma. Máxime cuando muchas partidas del gasto público son fútiles o mal administradas.

La segunda, es que existe un sector de la clase médica que se considera juez del destino de las personas y guardián del bien público, que practica, en enfermos ancianos, una sedación suficiente para producir la muerte, con la excusa de evitar dolores y liberar camas. Hay que recordar lo sucedido en el servicio de urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, que si bien preguntamos a conocidos que trabajan en urgencias, nos daremos cuenta que no fue un caso aislado.